Ahora dicen que hay crisis y la ministra tan contenta
convalor 06-07-2009 GTM 1 @ 19:41 Tags: Crisis Sector_del_libro_y_crisisParece que los editores, algunos, empiezan a tomar con algo de retraso conciencia de que el libro no es ni un valor refugio, ni se libra, en su dimensión industrial, de las marejadas económicas que nos azotan.
Ahora, parece que gusta el lenguaje extremo, se habla de catástrofe.
Es preocupante el punto de atención y aviso que señala César Coca al hacer depender estos vaivenes de unos pocos libros, de algunos best sellers que son más gordos año a año porque ofrecen más páginas por menos dinero, pero que generan una dependencia que difícilmente permitirá hablar en un futuro de un sector diverso sino, más bien, bestsellerdependiente.
Es cierto que es posible empezar a desconfiar de un sector que vendiendo menos gana más sin haber dado muestras claras de una mejora de su eficiencia
Ahora bien con este panorama espero con optimismo las noticias que la señora Ministra de Cultura dice poseer y que quizás sería interesante que las hiciera públicas a no ser que estén protegidas por una extraña licencia de propiedad que lo impida.
Más cuando parece que ante esta turbulenta situación nos darían un cierto sosiego en cuanto a lo economico se refiere.
Lo que no parece nada elegante es echar la culpa del descenso a las devoluciones de las librerías. Si esa es la razón los editores lo tienen claro: dejen de mandar libros a los que más devuelven ¿Se atreverán?

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del.icio.us
"que quizás sería interesante que las hiciera públicas a no ser que estén protegidas por una extraña licencia de propiedad que lo impida" jajajaja! brillante, Txetxu!
¿Crisis? El mundillo editorial, comenzando por sus «prestigiosos grandes editores» y por sus «codiciosos editores grandes» debería cogerse por sus propios fundillos y hacer un autoexamen de conciencia para deslindar responsabilidades y culpas. Echar las culpas a otros es fácil y acrítico, pero si le echamos la culpa a la metástasis del cáncer que invade nuestras entrañas, al que devoran por dentro es a nuestro cuerpo, de todos modos.
El problema es de fondo y forma, en ese orden. Lo saben casi todos los popes, pero casi todos piensan «más adelante veremos, por ahora vamos tirando así», y está llegando el día en que el barco ebrio de la industria editorial va sin rumbo, perdiendo calidad en pos de una cantidad que ahora ni siquiera es tal.
Ahora no crece ni siquiera a costa de la metástasis de los «best-sellers», el gran error que cometieron los grandes a sabiendas de que ese modo de crecer era falso, perjudicial para la salud del ecosistema editorial y más temprano que tarde se volvería un arma de doble filo.
Ha llegado la hora de los héroes. ¿Voluntarios? Ya nos hicieron voluntarios a la fuerza a todos los colaboradores externos durante la última década. ¿Mostrarán los altos cargos al menos cierto grado de compromiso, valentía e iniciativa? Los «agoreros» les vienen avisando hace años sobre lo que está pasando.
¿Seguirán mirando para otro sitio esperando que aparezcan nuevos Harrys Potter, Stiegs Larsson o Hennings Mankell para tapar la realidad de un modelo que hace aguas por todos lados? ¿Seguirán los capitanes mirando la popa del barco ebrio editorial mientras el iceberg se acerca a la proa del Titanic?
Los manotazos de ahogado sirven para situaciones de emergencia, pero no se los puede transformar en un «modus vivendi», esperando que la tecnología o los «Illuminati» vengan a rescatar una industria desfasada que sigue pensando con criterios egoístas y antediluvianos, que si cambia sólo es para quitar presupuesto a la edición del libro y añadírselo al Departamento de Márketing. Eso no es edición, eso es territorio para el señor Philip Kotler...
«Editores», un poco de amor propio y de humildad, miren a su alrededor, observen cómo funciona el grupo de profesionales que pululan frenéticamente a vuestro alrededor para que el libro persista siendo un «bien simbólico» y no quede castrado simplemente a un «envase simbólico», a un esbelto packaging vacío de calidad y contenidos.
Julián Chappa