Ley de la lectura, del libro y de las bibliotecas. Motivos poco claros-4
convalor 18-01-2007 GTM 1 @ 00:05 Tags: Ley_del_libro Ley_de_la_lectura_el_libro_y_las_bibliotecasVenimos de aquí
Dado que es necesaria una adecuación a la nueva realidad
, Todavía no sé, según el preámbulo, cuál es esa nueva realidad
es preciso redefinir algunos conceptos esenciales, y ampliar el campo semántico de los mismos y que se imponen necesariamente a la nueva realidad
que sigo sin saber cuál es
, objeto de esta ley.
Veamos cuáles son los conceptos que pasa a redefinir
La lectura, como proceso de descodificación mediante el cual una persona comprende e interioriza el sentido de signos y logra obtener información y conocimiento, debe ser accesible a toda la sociedad;
Aquí tenemos ya una segunda definición de lectura:
- proceso de descodificación mediante el cual una persona comprende e interioriza el sentido de signos y logra obtener información y conocimiento
Una definición en principio muy "lingüística" donde parece situarse el
valor en el signo en sí sin hacer una referencia importante a la contextualización del mismo, a su uso social……
Antes, un poco más arriba nos han dicho otra indirectamente ya que si Leer es: Leer es elegir perspectivas desde las que situar nuestra mirada invitando a reflexionar, pensar y crear” se supone que la lectura será el proceso que permite elegir perspectivas desde las que situar nuestra mirada invitando a reflexionar, pensar y crear.
No creemos que desde la decodificación propuesta sea fácil el poder llegar a elegir perspectivas
debe ser, por tanto, un derecho que permita acceder al conocimiento a toda la ciudadanía en condiciones de igualdad.
Complicado el acceso al conocimiento con las premisas lectoras anteriores.
Convendría, además, tener en cuenta esta reflexión:
· En el ámbito internacional la investigación sobre las prácticas de lectura
desde los años ochenta ha insistido en reconocer el carácter de la lectura como una práctica social diversa (en géneros, propósitos, contextos, modos) inseparable de prácticas sociales más amplias (trabajo, comercio, religión, política, derecho, periodismo, arte, ocio, educación). En este sentido, el ejercicio de ciertas prácticas de lectura (lo mismo que de escritura o comunicación oral) no depende de hábitos puramente psicológicos e individuales, sino del acceso de las personas (los “lectores”) a los espacios sociales, institucionales y culturales en los que a la vez se demandan y se aprenden determinadas prácticas de leer, escribir, hablar y pensar. Por ejemplo, una trabajadora doméstica y una profesora universitaria, en tanto lectoras, no se distinguen tanto por sus “hábitos”, sino por las demandas y
oportunidades radicalmente distintas que tienen para leer, pensar y hacer públicas sus ideas. (Gregorio Hernández en Juan Domingo Argüelles; Historias de lecturas y lectores; pag. 164)

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