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Cultura que se consume

convalor 28-12-2006 GTM 1 @ 07:13 Tags:
Comentamos
poco antes de Navidad la nueva ordenación de la página del Ministerio
de Cultura que permite disponer en un espacio específico de todos o la
mayoría de los datos relacionados con la cultura.

Hoy trae El País
un comentario de algunos de los datos del último Anuario de
Estadísticas Culturales que fue lo que sirvió de motivo para la
presentación del nuevo espacio.

Y hay una expresión que no es
nueva pero que quizás movido por estos días de "Felicidad y compartir"
me llama particularmente la atención. me refiero al "consumo cultural"
que resulta una contradicción en sus términos o quizás reflejo de un
discurso interesado de algunas empresas o grupos.

Ya hace tiempo que no se nos define en muchos ámbitos ni como personas o ciudadanos, sino como consumidores.

Si
consumidor es persona que consume o que compra productos de consumo. Si
consumo es acción de consumir. Si consumir es además de "Utilizar
comestibles u otros bienes para satisfacer necesidades o deseos", la
acción de destruir, extinguir. Es decir que esos bienes que utilizamos,
al final si son de consumo se destruyen o extinguen
pues no
veo claro su hilazón con la cultura. No he leído todavía, por ejemplo
que aumente el consumo educativo, ni siquiera cuando se habla del libro
de texto. No sería mejor hablar de "uso" que de consumo.

Parece que la única lógica es la de la satisfacción por la destrucción o la de producir cada vez más perecederos.

Revisando
mis notas y frases me encuentro con algunas reflexiones que plantean
por lo menos o a mí me abren otros posibles puntos de vista aunque no
sean los de el discurso dominante y perfectamente aplicables a algunas
lógicas existentes dentro de la industria cultural:

- Lo
más curioso de los placeres del consumidor es que duran poco. La
esencia del consumismo es una sensación de promesas rotas pero
constantemente renovadas. El consumidor moderno es un hedonista
condenado a la decepción económicamente productiva, un ser que
experimenta, como señala el sociólogo Colin Campbell, “un estado de
placentera incomodidad”. Luchan por sus sueños vinculándolos en cada
caso a un objeto deseado…; pero en cuanto se adquieren los objetos, los
deseos se desenganchan de ellos inexorablemente. (Todd Gitlin; Enfermos de información ; pag. 100)

- 'La
historia de cómo las éticas del consumo y el desarrollo personal,
inicialmente diferentes entre sí, empezaron a encontrar un terreno
común en el mercado capitalista del siglo XX es uno de los capítulo más
importantes e interesantes de la historia comercial. La fuerza que
atrajo a estos dos valores, aparentemente irreconciliables, fue la de
las artes, el principal comunicador de normas culturales....De este
modo, el consumo arrastró al arte desde el ámbito cultural, donde era
principal medio de comunicación de los valores compartidos por una comunidad,
hasta el mercado, donde se convirtió en rehén de las empresas
publicitarias y consultorías de marketing, que lo utilizaron para
vender un nuevo "estilo de vida"...Ahora la cultura podía distribuirse
en pedacitos a través de los medios electrónicos, trasmitiéndola
rápidamente a gran distancia, uniendo a muchísima gente en simulacros
de experiencias compartidas que, no por menos íntimas, resultaban menos
seductoras y entretenidas. El arte reproducido localmente se vio
obligado a competir con las artes de generación electrónica como el cine o la radio' (Rifkin,J.; La era del acceso. La revolución de la nueva economía; Paidós; Barcelona 2.000, pag. 192-194)

- Como
señala Bocock. “los consumidores han dejado de experimentar un
sentimiento de creatividad, de autonomía, en gran número de
actividades, debido al aumento de las experiencias prefabricadas.
Cocinar, practicar deportes, la jardinería, el bricolaje, la decoración
del hogar, bailar y tocar música son ejemplos de actividades de consumo
que suponen una cierta participación, pero no pueden librarse de la
predominante invasión de grupos con intereses comerciales que asolan el
consumo desde 1950. (Santiago Álvarez en Adoz nº 29, pag. 52-53)
 
Quizástodo ello siga siendo reflejo de la crisis de la postmodernidad: 'Si
la cultura es, como dice el antropólogo Clifford Geertz, "la red de
significación" que tejemos sobre nosotros mismos, las comunicaciones
-lenguaje, arte música, danza, escritura, cine, grabaciones, software-
son las herramientas que nosotros, como seres humanos, usamos para
interpretar, reproducir, mantener y transformar dichas redes de
significado' 'El tiempo cultural se desvanece, dejando a la humanidad
exclusivamente con vínculos comerciales como elemento de apoyo
civilizatorio. Esta es la crisis de la posmodernidad' (Rifkin,J.; La era del acceso . La revolución de la nueva economía; Paidós; Barcelona 2.000, pag. 188)
 
Actualización: Clientes y compradores antes que ciudadanos 

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