Mapa íntimo de librerías -5. Pablo E. Odell Humphreys
convalor 01-11-2006 GTM 1 @ 11:29 Tags: Mapa_íntimo_de_librerías Pablo_OdellMapa íntimo de librerías –a propuesta de Txetxu
El canal, el canal, el canal...
Mi bisabuelo paterno, Daniel, fue director gerente de la editorial e imprenta metodista Metopress, en Buenos Aires, antes de la Primera Guerra Mundial. Al cabo de un tiempo, la librería pasó a llamarse La Aurora,
y situó su local en la calle Corrientes, al 728, entre Esmeralda y
Maipú. En aquella época de esplendor, la calle Corrientes rebosaba de
teatros y librerías que no cerraban nunca. La librería estaba situada
justo entre el teatro de revista Astros, y la primera iglesia metodista de Buenos Aires; hoy, en el local reconvertido en granja, se pueden comer unos bocadillos bastante malos que no leen
a nada. Mi abuelo, Luís, la dirigió desde 1948 a 1955. Y mi padre,
Henry, fue el gerente desde 1966 hasta 1970. Después la represión
militar acabó con todo –como ya sabemos.
Era
un local pequeño, alargado, y con una trastienda bastante más grande
que la propia librería. Sus anaqueles de madera oscura llegaban hasta
lo alto del techo; y en ellas, por encima de los dos metros, el polvo
ayudaba a cuidar libros que ya eran viejos por entonces. El recuerdo
más lejano que tengo es del día en que se cerró definitivamente,
alrededor de 1975. Ayudar a mi padre a romper libros y a tirarlos al
incinerador, me ha dejado la memoria con residuos de ceniza.
En
México, ya exiliados, encontró trabajo como vendedor en la librería
Casa Unida de Publicaciones, SA, en la Avenida de los Insurgentes,
cerca del monumento a la Revolución. Recuerdo la posibilidad gratuita
de disponer de aquellos libros que me era dado leer durante las horas
de espera, entre que salíamos del colegio y terminaba su jornada…
Todavía conservo algunos de esos ejemplares que como debe ser, he
legado en vida a mi hijo de 6 años.
A
partir de 1980, ya en Barcelona, mi padre y mi madre pusieron en marcha
una librería-sin-local, que luego se convirtió en editorial (Argot,
Compañía del Libro). Reconocida por los distribuidores como tal, tenía
acceso a libros editados en España y Latinoamérica con descuento, que
luego vendían a particulares por Europa por correo contrarreembolso
(aún comenta mi padre… “Hay… Si hubiéramos tenido web”).
Mi etapa de estudiante de Filología Hispánica en la Universidad de Girona me obligó a frecuentar tanto la librería Geli como la 22 , de Guillem Terribas. Ïbamos más a la Geli
porque adrede, disponia los libros de poesía en un ángulo muerto de la
librería… Lo cual nos predisponía al “préstamo cultural”. La 22 siempre
fue más a la pela… Es por eso que actualmente mi dispendio personal en
libros anual en Girona (alrededor de unos 200 euros aprox.) va a las
arcas de Geli… y menos a las de Guillem (cuando a un libro de Pessoa se le pone una alarma electrónica ultrafina, como que no).
De
unos años para acá, no tengo especialmente una librería de cabecera, ni
un librero de cabecera. Si viviera en Argüelles, ya platicaría ya, o en
el Raval… Pero aquí en el pueblo, librería, le llaman a
vender chuches a los chicos, carpesanos y sacapuntas, y de cuando en
vez, esos libros de RBA que vienen con una cartonada terrible (sé de
casos que se han quedado con el cartón y han tirado el libro a la
basura).
..Si
que he descubierto, desde que frecuento el audiovisual, cómo me gustan
las películas que tienen como centro de acción una librería: Por
ejemplo, película mala como Notting Hill, pocas pero… Qué preciosa es
la librería de Hugh. Y tantas otras… Memorables los coqueteos en Brooklyn entre Harry y Sally…

Meneame
del.icio.us