Lo acabo de leer en el blog de Enrique:
La base del amor no es otra que el profundo respeto por el otro y nuestras organizaciones están bastante necesitadas de él. Del respeto que cimenta la confianza; de la confianza que fundamenta la implicación; de la implicación que se traduce en motivación, en entrega, en aportación y, finalmente en un servicio mejor y en unos mejores resultados.
Así que amor, mucho amor y una mayor capacidad para expresarlo. Para dejar salir la emoción que llevamos encarcelada dentro de nosotros y que nos cierra a los demás, que hace mucho más difícil que los demás nos entiendan, se conecten con nosotros y, a la inversa, que nosotros seamos capaces de escuchar lo que a los otros les preocupa. Nuestras organizaciones, la formación de nuestros gestores ha dejado de lado esta vertiente que se vuelve imprescindible si queremos transformar en profundidad nuestro desempeño.
Ahora la pregunta maliciosa ¿cómo medirlo en esos en apariencia 'eficientes modelos' de mejora continua y calidad?
Y salto ahora al
blog de Richar y leo:
Respuestas racionales, nos dan información. Respuesta emocionales nos ayudan a iniciar procesos de cambio.
Cuidemos y mimemos nuestras emociones.