
Después de una mañana de domingo cerca del mar. Después de haber disfrutado de un largo y tranquilo paseo por la arena que ayer el agua que caía de arriba impidió releo ya en casa la referencia que ha aparecido en el Babelia de Joaquín Achúcarro.

A pesar de mis dedos regordetes no hechos para el piano puedo confesar que el pianista y un servidor salvando incluso la diferencia de edad hemos compartido espacio y afición.
Me refiero a las 'artes natatorias' y, en concreto, a la Travesía de Arriluce que compartimos más de un año y de la cual, curiosamente, no hay casi referencias en internet ya que, al igual que la del Abra, desapareció antes de que naciera la red de redes.
Lo que me ha llamado la atención es que mientras unos pensábamos en llegar lo mejor clasificados posible él se dedicaba a repasar dos conciertos de Brahms.
Mismo tiempo, mismo medio, misma actividad, pero distintos fines y distinto sentido, al fin y al cabo, del tiempo.
Hoy también, mientras paseábamos mi cabezase iba ya al lunes mientras que la de mi compañera de paseo se mantenía en un estado más zen disfrutando del paisaje y de las conchas.
Como siempre hemos vuelto a encontrar en María una estupenda anfitriona en su remodelada casa que gana espacio exterior e interior. Hacía más de dos años que no aterrizábamos por esos lares.

El sábado comimos divinamente en El Madroñal en Suesa. Una ensalada de sardinas marinadas, un taco de bonito a la plancha, una gran hamburguesa y una tarta de queso casera.

La mañana del sábado la distrajimos en Santander en la terraza del café de Pombo donde los arcos nos resguardaban de la lluvia mientras hojeábamos la prensa yveíamos el pasar de la gente y el caer del agua con placidez y tranquilidad.