Cambios recientes. De la semana pasada. Constatados, ¿dónde?, en Madrid.
Con las Tic entramos ya en las posibilidades de contacto directo del autor con el potencial lector. Sólo es necesario situarse y encontrar lo que buscamos en este proceloso mundo ingente de información desordenada donde, quizás, casi por azar, se dé el cruce entre aquello que queremos encontrar y lo que esa masa casi informe nos vende como posible de encontrar.
Del autor al lector, sin intermediaciones, pero ya superando las Tic. No hacen falta aparatos, ni gasto energético. Todo a base de enlaces no contaminantes.
En serio lo viví en Madrid en primera persona.
Dónde. Un mediodía en la Plaza de Santa Ana. El autor, editor, vendedor ofrecía sin intermediarios, directamente su producto al potencial lector.
El señor Bonilla ofrecía su última obra, sus "Poemas morales" y ello era posible con la única distancia de por medio de una "caña" de cerveza.
¡Viva la tecnología! Todavía algunos creerán que ha sido ella la que ha modificado la cadena de valor en el mundo del libro.
El día siguiente me permitió otra pequeña sorpresa que me vuelve a demostrar casi con la misma finura que el papel de mediación de los buscadores no es inocuo, sino ideológico, aunque se planteen como meros intermediadores asépticos, basados solamente en la azarosidad de los siempre bienpensantes internautas y sus modos y cadenas de búsqueda.
Me trae al recuerdo este texto de Argüelles: "Si, como creen muchos, la universalidad literaria está hoy más internet que en los libros, consecuentemente resultan mucho más universales Stephen King, J.K. Rowling y Dan Brown... que, por ejemplo, Cervantes, autor del Quijote, y Balzac, autor de La Comedia humana" (Ustedes que leen; pag. 210). El texto sigue dando cifras interesantes sobre número de apariciones.
El caso es que descubrí lejos de esas novedades en una Librería de Madrid con una excelente sección de Libros sobre libros un casi-incunable de estos tiempos. Un libro de 1990 que, como era de suponer, si uno busca en internet tiene escasas referencias para poder acceder a su compra e, incluso, existen, en relación a otros más modernos, escasas referencias o crónicas sobre el mismo. Me refiero a los "Fragmentos de memoria" de Giulio Einaudi. ¿Dónde lo encontré? En La Central del Reina Sofía. El proceso de búsqueda en internet me hubiera llevado casi a la nada, cosa que no ocurrió, en esta ocasión, en un espacio físico concreto, donde puede encontrar la obra contextualizada a mi gusto.
Dos experiencias cotidianas que se juntan a la dolorosa del cierre de Fuentetaja. Parece que si los edificios acogen libros y aunque los mismos tengan un carácter de bien protegido, el edificio digo, no los libros, no merecen la adecuada atención de las Administraciones.
Quizás sea, en este caso, porque tenía libros dentro.
¡Quién sabe!