Aparece hoy en El País un artículo firmado por Carles Geli sobre la presencia de los editores, algunos grupos, en las librerías y cómo, aparentemente parecen querer extender su poder.
Al final y en lo que se refiere a los grupos de capital exclusivamente español el artículo sólo referencia el caso de Planeta-Casa del Libro y obvia por ejemplo el fracaso del modelo Prisa-Crisol.
El otro ejemplo citado, la aparición de las Bertrand en España, parece más bien responder a conseguir ocupar el mercado que el propio grupo Bertelsmann puede estar perdiendo en el terrno puerta a puerta, es decir, el descenso de socios y ventas del Círculo de Lectores.
El resto de ejemplos, Top Books, Laie, Fnac y Nobel hacen referencia a realidades distintas que más que ver con grupos editoriales tienen relación en algunos de los casos con realidades libreras.
Se quedan muchos otros ejemplos en el tintero como el proceso que puede seguir Almuzara junto a Librerías Beta, el modelo de Santos Ochoa, el más modesto de Ler librerías, la propuesta de horizontalidad de L o la verticalización casi buscando la exclusividad con el 'o conmigo o contra mí' de Elkar.
Sabemos que hay más. Sólo queremos señalar que nos llama poderosamente la atención que El País calle sobre rl propio fracaso dentro de su grupo no editorial, sino de comunicación, al igual que Planeta y/o que se piense que estos, los macrotamaños son los únicos y posibles planteamientos con sentido y futuro.
La realidad del mundo del libro en lo que concierne a librerías demuestra que esto no es así en todos los casos y lo que sí parece más preocupante es que el monocultivo se va a centrar en las ciudades o núcleos de atracción poblacional por encima de 100.000 habitantes quedando a salvo ortso que sí parecen ofrecer diversidad.
En cualquier caso, estos procesos que son interesantes y se desarrollan de manera más callada aquí y en otros países, no requieren el sustento de los grandes medios que pertenecen a grupos multimedia y multisoporte se dan otros procesos de sinergias entre editores y libreros a los que les basta con ir llegando, de manera sigilosa, a sus lectores.