Sobre la misión del libro
Por dos veces, como mínimo (páginas 5 y 24) se afirma que la misión del libro es “Distribuir y difundir la alta cultura”. En el propio libro, no se define con claridad qué se entiende por alta cultura, pero, en principio dejaría entrever una acepción ciertamente elitista que, tampoco queda claro si se comparte, pero que tendría como consecuencia la imposibilidad, en función de su misión de convertirse en un ‘soporte de masas’.
Así, por ejemplo, otos autores, señalan, casi exclusivamente, su papel como “Medio de Comunicación” (El libro fue la consecuencia de una doble necesidad práctica: la perpetuación de la palabra en el tiempo y la comunicación del pensamiento humano en la distancia...La aplicación de los saberes condicionó la existencia de los distintos soportes y formatos de los libros. Estos últimos variaron en función de las necesidades de producción de cada época y estuvieron en relación con el número de lectores de cada sociedad...... El libro como medio de comunicación fue previo a la edición con finalidades comerciales ) (Jorge Villar; Las edades del libro; Debate, pag. 187, 189) o como simple “Objeto comercial”, como señala Alberto Manguel ("Desde finales del siglo XII, aproximadamente, los libros pasaron a ser objetos comerciales, y en Europa su valor pecuniario estaba lo suficientemente establecido para que los prestamistas los aceptaran como garantía subsidiaria; anotaciones donde se registraban tales compromisos se encuentran en numerosos libros medievales, especialmente en los pertenecientes a estudiantes. Entrado el siglo XV, el comercio de libros había crecido lo bastante como para que se los colocara en la lista de mercancías vendidas en las ferias comerciales de Frankfurt y Nordlingen”). Chartier, señala, también con claridad que las funciones y papeles que el libro ha podido desempeñar han sido distintos a lo largo del tiempo (Yo he pensado alguna vez escribir una historia del libro no desde el punto de vista físico. No me interesan los libros físicamente (sobre todo los libros de los bibliófilos, que suelen ser desmesurados), sino las diversas valoraciones que el libro ha recibido... (Roger Chartier: Cultura escrita: literatura e historia, FCE, pag. 204) (El subrayado es nuestro).
Señalar, finalmente, que es habitual aceptar, con algunas posibles matizaciones, que las funciones, que suelen tener que ver con la misión, que se suelen reconocer al libro son, básicamente tres. Información, entretenimiento y conocimiento. (Cfr. Varios; El Mundo de la edición de libros, Paidós 2002, pag. 21. Ver también: Siegfried Unseld; El autor y su editor; Taurus 2004; pag. 23)
Creo, por lo tanto, tomar tanto en relación al libro como a la lectura una postura algo más humilde y situacionista sobre lo que ha sido y supone, y lo que pueden ser y suponer.
Tobías Wolf lo reflejaba con bastante acierto hace poco en Babelia. “No nos engañemos, la literatura tiene poco peso en el mundo. La gente que lee es muy poca, pero siempre ha sido así. Se habla constantemente de que vivimos en la cultura de la imagen, del poder de seducción de lo visual, pero no sé a qué viene tanto lamento. Antes las cosas estaban peor. Un día harto de que la gente me dijera que en los años veinte y treinta había en Estados Unidos dos mil revistas que publicaban relatos, me tomé la molestia de investigar el asunto. La inmensa mayoría de estas revistas eran horribles, publicaban basura, relatos malísimos, historias de secretarias que se enamoraban del empleado de la oficina de al lado, pulp fiction sin la menor calidad… Entonces no había televisión y ahora sí, y como casi todo aquello ha pasado a la televisión, las revistas de esa calaña ya no hacen falta. Las cosas como son: la literatura seria siempre ha sido cuestión de minorías. La historia de la lectura no tiene el glamour que algunos se empeñan en darle. Es un mito." (Tobias Wolff; Babelia 7/05/2005)
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