Rosal 34
Tener un explorador que se mueva bien en el terreno, que además, sea amigo, que no le importe compartir su sapiencia y su buen gusto es una gran ventaja cuando toca moverse en 'territorios extraños'.
En Barcelona contamos por lo menos con uno que nos recomendó este local: el Rosal 34.
Tanto nos gustó que primero cenamos en buena compañía
y dos días después, ya casi de despedida, volvimos a comer y nos acompañó en la comida alguien que dice que en su casa es donde mejor se come. Si el susodicho salió encantado pues ¡ya me contarán ustedes!
El local, en su web cuentan bien la historia, ha tenido la capacidad de adaptarse a los nuevos tiempos mutando el espacio y ofreciendo calidad y atención que facilitan la comida y la conversación.
La apuesta merece su apoyo así que cada vez que con tiempo nos podamos acercar por Barcelona repetiremos e intentaremos hacerlo acompañados para disfrutar como en estas dos ocasiones.
Los dos más jóvenes de esta foto se reparten ahora sala y cocina. Sólo por volver a ver la sonrisa de Oscar y Josep cuando ya daba por terminada su jornada merece la pena volver.
Las ferias profesionales también permiten estos momentos.


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