Probablemente los gestores de la Alhóndiga y todos los que andan involucrados en el proyecto deberían leerse el libro de Alorza. Voy a ver si consigo explicarme con una cierta claridad.
La reflexión y la propuesta me ha venido sugerida por un par de realidades:la propia web de la Alhóndiga y la actividad recientemente lanzada bajo el nombre genérico de Gutun Zuria.
Empecemos por la web y señalemos sólo dos detalles nada baladíes: No existe en la misma la posibilidad, por lo menos yo no he sido capaz de encontrarla de sindicar los contenidos de la misma y tampoco, conste que he buscado y rebuscado, he encontrado un buscador que permita navegar de otra manera por la web. Dos 'menudencias' ya habituales y prácticas en otros espacios web que permiten una postura y una actitud más proactiva por parte de los usuarios. Así que podríamos hablar de una presencia en internet 1.0 para un proyecto 2.0. El problema es que probablemente la inversión realizada para el desarrollo web haya sido también acorde a la época industrial y no a la época del conocimiento.
Vayamos al segundo elemento, el programa Gutun Zuria que hace indirectamente incidencia en este mismo aspecto.
Así en la presentación del mismo se afirma: "Frente a la actual revolución en materia de Telecomunicaciones la escritura persite como modo de comunicación...." sigue "el Festival Gutun Zuria pretende generar un debate y un registro entorno al intercambio de cartas entre intelectuales".
No acabo de ver con claridad qué tiene que ver una cosa con la otra. La carta como género al igual, por ejemplo, que el libro no viene tan marcada por el soporte que es a lo que parece contraponerse como por los ritmos temporales que parece marcar.
Lydia Flem lo refleja muy acertadamente en mi opinión en este texto:
Escribir una carta es sincerarse con alguien que no está presente. El espacio de la carta abre un espacio interior, un momento de reflexión de meditación, una apertura hacia lo desconocido de uno mismo. Hay una inmensa libertad posible en la redacción de una carta. Uno está consigo y piensa en el otro mientras escribe. Estamos con el otro y solos, a la vez, cuando la recibimos. Intercambios diferidos en el tiempo. Lo que se escribe en el momento –impulso instantáneo, cuando, por ejemplo, acabamos de recibir una carta que apenas terminamos de leer- será leído unos días más tarde, a veces una semana, si el correo se retrasa, a veces sólo unas horas, una noche, si el correo ha sido diligente y un cúmulo de circunstancias favorables ha hecho que la acrta viaje en un tren de noche y llegue al buzón temprano por la mañana. (Lydia Flem; Cartas de amor heredadas; Alberdania; pag. 108).
Así las claves parecen ser: la sinceridad, la no presencia, la introspección interior, la soledad y los intercambios diferidos en el tiempo.
Nada que sea impedido, incluso, esta actual revolución en materia de Telcomunicaciones que nos permite, en todo caso, poder elegir a nosotros la demora que deseamos en el envío y al receptor la demora con que quiera leer el texto enviado.
Veo pues en el planteamiento hecho una visión 1.0 también.
No hay que dejar de reconocer con ello el valor de meneo que puede tener. El meneo por lo menos indica vida, aunque a veces convenga pararse para saber hacia dónde nos estamos meneando. No vaya a ser que el meneo sea circular y nos acabemos mareando.